miércoles, 2 de abril de 2014

ME FALTA TIEMPO... O CÓMO ORGANIZAR MEJOR MI VIDA

Texto y fotografías de: Joan Ramon Santasusana Gallardo.

Aunque parezca paradójico, he ido descubriendo que aunque presumiblemente siempre me falta tiempo para hacer todo aquello que yo quisiera, y eso hace que a veces vaya lo que yo llamo “estresado”, siempre es mucho mejor tomarse las cosas con calma y no intentar hacer todo aquello que tengo en mente, que no es poco. Más que faltarme tiempo para hacer, en estos casos creo que lo que verdaderamente me falta es tomarme un momento, un respiro, para establecer un orden y prioridades en mis proyectos. Es entonces cuando decido que lo mejor es tomar un descanso, desconectar y, más tarde, pensar sobre ello. No es tan importante el tiempo de que no disponemos, como de saber sacar provecho del tiempo que nos queda. Se trata pues, de establecer prioridades.


Existen obligaciones y existen tareas que simplemente hacemos por placer, y entre ellas, un gran número que están entre unas y otras. Más a menudo existen otras tareas que, sin ser verdaderamente necesarias, nos imponemos o nos imponen hacer como una obligación cuando de hecho no lo son. Intentándolas cumplir, frecuentemente estamos yendo en detrimento de nosotros mismos, nuestras verdaderas prioridades o nuestro mismo bienestar, felicidad y calidad de vida.

¿Debemos realizar y tirar adelante todos nuestros proyectos? ¿Debemos intentar alcanzar todos nuestros sueños? Si una persona tiene demasiadas ideas, éstas pueden acabar por absorberla, especialmente si intenta llevar a cabo hacia adelante todas esas ideas a la vez. Ante tal reto, las fuerzas se diluyen, se empiezan muchas cosas pero pocas se terminan, y uno puede sentirse abrumado por el agotamiento o el cansancio al intentar realizar todo ello. Llevando a cabo muchas tareas a la vez, la mente y los objetivos se dispersan, y en cierto modo perdemos más tiempo en ellas porque nuestra mente y nuestro tiempo deben dividirse en varios frentes en vez de centrarse sólo en uno o unos pocos. ¿Significa eso que debemos renunciar a nuestros sueños o proyectos? No, para nada. Pero quizás sea más producente intentar llevar a cabo sólo algunos de ellos a la vez, y poco a poco, a medida que vamos realizando nuestros deseos, continuar con los otros si una vez terminados unos, deseamos realmente continuar con ellos.

Personalmente, a mí siempre me sucede lo mismo: o hago un poco de todo y no me centro en nada, con lo que hago un mucho de nada, o elijo centrarme concienzudamente tan sólo en un unos pocos objetivos (entre uno y cuatro son más que suficientes en este último caso).


Si hago de todo un poco, suelo avanzar muy lentamente y, al cabo, dejo más de la mitad de los mismos proyectos que he empezado sin finalizar, ya sea por puro hastío, ya sea porque mis ideas se dispersan y los proyectos inacabados son sustituidos por nuevos proyectos que llaman más mi atención. Con ello, acabo perdiendo buena parte del tiempo y trabajo realizado.

Por otro lado, si me centro sólo en unas pocas cosas, soy capaz de trabajar sin dispersarme demasiado, dependiendo de la magnitud del trabajo o tarea que esté haciendo, y realizo todas éstas con mayor precisión y rapidez.

Otra opción que empleo a menudo, cuando no tengo más remedio que dividirme en diversas tareas, es la de utilizar un planning de tiempo, decidiendo entonces en que horas, días, semanas o meses empleo y me centro en cada cosa, y en que asuntos no, dependiendo de que asuntos se traten y de su importancia respecto al momento en que las hago.

Mi experiencia, en ese sentido, en el pasado, fue decisiva. Por querer hacer demasiadas cosas y querer abarcar demasiado, de repente descubrí que no disponía de tiempo libre para no hacer nada o hacer simplemente lo que en un momento determinado me apeteciera. El hacer demasiadas cosas –y hablo de hacer cosas que me gustaban-, me llevó a “estresarme” y hacer que poco a poco cada vez disfrutase menos de ellas y me empezase a “quemar”. Fue en ése punto cuando decidí cambiar algunas cosas... y la principal de ellas fue buscar y tener tiempo realmente para mí, y buscar un nuevo enfoque en el modo que haría las cosas a partir de entonces. Y es que en el fondo, la felicidad creo que se basa en eso, en disponer tiempo libre para uno mismo, por un lado, y para la gente con la que queremos compartir nuestros momentos, por otro, y en ser capaces de administrar tanto nuestro tiempo como nuestras emociones.


Pero, para disfrutar de un tiempo propio, uno antes debe fabricarse un tiempo para sí mismo, y ello significa buscarse una vida o modo de vivir de cierta calidad. Buscar quienes somos, que queremos y cuales son nuestras limitaciones, y a partir de ahí, ir un paso más allá. Fue en este punto de mi vida cuando me planteé cambiar ciertas costumbres que tenía e invertir mi tiempo en cosas que realmente me hicieran sentir más feliz y más pleno.

Éstos son, pues, algunos de los puntos fuertes en los que baso mi felicidad, mi tiempo libre y mi modo de organizar mi vida, y aunque algunos puntos parezcan contradictorios, me va mejor cuando lo hago así, para realizar el resto de mis proyectos.

DUERME Y DESCANSA LO SUFICIENTE

¡Este punto lo tengo claro! Si uno duerme y descansa lo suficiente, rinde más, tanto física como mental e intelectualmente. Y no hablo de cara a los demás, sino de cara a uno mismo. No descansar lo suficiente para hacer más, a veces nos hace ir a menos. A menudo me empecino en hacer todo aquello que quiero y duermo poco. Un día, puedo permitírmelo, pero cuando acumulo días de sueño, mis ideas suelen dispersarse más de lo que ya lo hacen habitualmente, me cuesta ir más al grano o ser objetivo, y me distaigo mucho más fácilmente. Si el cúmulo de días en que no descanso es mayor, también incide en el humor y la atención, y en la misma capacidad de retener recuerdos. Cuando descanso, suelo ir más directo al grano, soy mucho más capaz de concentrarme en un solo objetivo, y hago las cosas con más rapidez sin detrimento de la calidad. Por lo tanto, uno de los primeros puntos que siempre me aplico para aprovechar mejor el tiempo y vivir más plenamente es dormir siempre lo suficiente y descansar más a menudo.

TÓMATE TIEMPO LIBRE Y APRENDER A RELAJARTE

Si uno se toma tiempo libre para hacer cosas que verdaderamente le gustan o le relajan, tanto el cuerpo como la mente lo agradecen. Un paseo, leer, tomarse un zumo o un refresco tranquilamente, tener una buena conversación... Eso nos permite desconectar momentáneamente de nuestros problemas y retomarlos con más fuerza cuando volvemos a ellos. Tomarse el tiempo libre significa desconectar, pero para desconectar es preciso que aprendamos a desconectar de verdad de todo. Olvidémonos de nuestra dependencia de los relojes, de los móviles, de la agenda... Aprendamos a desconectar nuestro cerebro, que nuestro reloj lo marque el movimiento del sol, y en esos momentos procuremos disfrutar tan solo del ahora.

En mi caso personal, uno de los mejores modos de relajarme es ir a andar a la montaña durante un par de horas, desconectando de todo o de todos. La naturaleza ejerce ese poder en mí.


HAZ DEPORTE

En realidad este punto iría ligado al anterior, si no fuera porque no soy demasiado de hacer deporte, salvo caminar. Y a pesar de todo, hacer deporte me obliga a marcarme una rutina y a desconectar de mis otras obligaciones, pensamientos o preocupaciones. También me obliga a salir de casa, y, en muchas ocasiones, tomar la vía natural, que es salir de la ciudad y atravesar zonas verdes, campos y montañas. El cuerpo también se cansa, y después de una buena ducha o un baño se duerme mejor.

No, no me gusta demasiado hacer deporte, pero no negaré que hacerlo me reporta muchas cosas, y a la larga también me ayuda a centrar mis ideas y mi concentración.

ESTABLECE PRIORIDADES

A menudo queremos hacer más cosas de las que podemos hacer. Hay que establecer prioridades y criterios que nos permitan elegir entre estas prioridades. ¿Qué es lo más importante? ¿Qué problema debemos resolver antes? ¿En cuántas partes podemos dividir un problema? Lo mejor es trabajar por partes y no hacer más de cuatro o cinco cosas a la vez, tomándose, además, un descanso entre ellas, especialmente cuando empezamos a notar el agotamiento físico o mental. Debemos intentar centrarnos en lo que hacemos y no empezar demasiadas cosas nuevas hasta que hayamos acabado con las anteriores o, al menos, con una parte de ellas. De lo contrario nos dispersaremos, dividiremos nuestros esfuerzos en varios frentes, y posiblemente muchos de ellos finalmente quedarán abiertos y sin finalizar. Esto último es algo que en mi caso me sucede a menudo cuando no establezco ninguna clase de orden o prioridad, de modo que voy acumulando y acumulando ideas y proyectos empezados, pero son pocos los que acaban por terminarse y realizar.

Establecer prioridades puede obligarnos a renunciar a algunas cosas, pero para ser más efectivos en las otras. Y una vez realizadas unas, nadie dice que no podamos volver a las cosas a las que antes hemos renunciado para volver a empezar de nuevo con ellas.


ESTABLECE UN TIEMPO DETERMINADO PARA CADA TAREA

Deberíamos establecer un tiempo más o menos determinado para cada tarea cuando esto nos sea posible. Al principio hay tareas que puede que no sepamos cuanto tiempo vamos a dedicarle, pero con el tiempo aprenderemos a poner un tiempo más o menos acertado a muchas de esas tareas. Por otro lado, no tenemos que determinar necesariamente el tiempo que necesitaremos para acabar una tarea, sino que podemos limitarnos a determinar el tiempo que le dedicaremos cada día, cada semana o cada cierto período regular de tiempo. Poco a poco, uno ya va viendo, más o menos, que tiempo se necesita en cada tarea más o menos similar a una ya realizada. Date también un margen para tareas inesperadas que puedan interrumpir una tarea ya empezada.

NO OLVIDARSE DE LOS DEMÁS

A veces trabajar o realizar ciertas tareas significa necesitar calma y tranquilidad y trabajar solo. El factor humano, tanto individual como social, también es importante para desconectar, siempre que ese mismo factor no nos traiga más problemas y preocupaciones de los que ya tenemos. Quedar con uno o varios amigos para tomar alguna cosa o tener una charla intrascendente, ir a visitar a algún pariente cercano simplemente para ponerse al día, o tener una pequeña velada especial puede ayudarnos a olvidar algunos de nuestros problemas o presiones diarios. Tras una pequeña reunión, los problemas o tareas pendientes serán los mismos, pero podremos enfrentarnos a ellos con una nueva perspectiva, ya que esos breves minutos u horas con otras personas nos habrán ayudado a desconectar. En ese caso, eso sí, recomiendo visitar a gente que no nos carguen con más problemas de los que ya podamos tener.

DISFRUTA CON LO QUE HACES

Todo lo anterior nos ayuda a hacer un buen trabajo y llevar nuestros proyectos adelante, pero sin duda, mi mayor consejo sería éste: ¡disfruta con lo que haces! Diviértete, sé creativo, sueña... Procura ser feliz con lo que haces. Existen las obligaciones, claro, y de todo tipo -obligaciones familiares, de trabajo, de hogar, de amistad, de salud...- pero cuando se trata de hacer algo con tu tiempo libre, procura que sea hacer algo que con lo que realmente disfrutes, te sientas vivo, y feliz. La calidad de vida no debería medirse en el dinero que gana cada uno, sino en el tiempo libre que uno disfruta para ser feliz. Así de simple.


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